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De pronto, llegaron ellos (1)

Una pizca de sal.

Hace cosa de dos años, conocí a mi compañero de carrera AmigoJ, y nuestra relación no iba más allá de las dos horas quincenales de las prácticas de cierta asignatura... que, por patosos, tuvimos que repetir. Ambas, prácticas y asignatura.

Hace ahora un año, por cierto motivo (noche de sábado, un conocido en un bar), un marujeo se extendió entre un grupo de conocidos. Pero fue una parte un poco perversa, y lo hablaron de una manera poco apropiada para el siglo XXI que hace años que estrenamos. Tuve que hablar con el chico éste para decirle que yo no filtré información ninguna, y que, además, la gente es como muy idiota al darle importancia a cosas que no la tienen.

Ahora, este chico es un buen amigo mío, sé sus historias afectivo-sexuales, y él sabe las mías. Hablamos abiertamente de sexo y todo lo que le rodea. De hecho, tan abiertamente que el otro día estábamos en la cafetería de la facultad y dos viej... señoras nos estaban mirando con el espanto y el escándalo dibujados en sus rostros debido a mis explicaciones, con abundantes gestos, de cómo cierto amante (ver en alguna entrega subsiguiente) se había colocado mal el condón.

Me alegra haber conocido bien a AmigoJ, y ha traído consigo ciertas amistades a mi vida, y también, por qué no, la valentía para hablar con otras personas de una preocupación que tenía desde hace unos años. Otra cosa es que me atreva a hablar de ello con mi familia, pero, vamos, el primer paso está dado. Y desde anoche, también el segundo, je.

Continuará.