Momento: Verano. Lugar: Mi pueblo (factor importante). Evento: La boda de un familiar.
"La noche antes de la noche de bodas", como decía Sabina, fue una celebración de tipo despedida, pero con todos los invitados, en plan música, picoteo y fiesta. Estaba hablando con unos primos, y por otro lado, mi madre pelaba la pava con un chico bastante mono. Entonces, me llamó. Mi madre, quiero decir:
- ¡Eh, Yomis, ven!
Para hacer honor a la verdad, comentaré que Yomis, o sea, yo misma, se había tomado una caña y un rrrrron-concocacola un pelín cargado (eso me pasa por fiarme de mi prima)... del cual ya estaba sorbiendo los hielos cuando mi madre me llamó a su lado.
- Mira, Yomis, este chico vive en PaísNórdico.
Atención: Frase comodín para ligar:
- ¿¿¡¡PaísNórdico!!?? ¡¡No jodas!! - exclamó una etílica Yomis con los ojos como platos.
A partir de entonces, mi madre hizo un alarde de tacto inusitado y se hizo a un lado, para que NordicBoy, que a la postre es como lo vamos a llamar, por darle un nombre, me hablara sobre PaísNórdico, su forma de vida (trabajador y discretos fiesteros), su cultura (la cerveza), sus medios de transporte (la bicicleta), su manera de divertirse (emborracharse con cerveza), y cómo se organizan los líderes de la manada, entre otros datos sobre ese pueblo.
No volví a saber nada de NordicBoy, pero él ya se había apresurado a agregarme al Facebook al día siguiente (es lo que tiene estar aislada de Internet).
Pero, cosa de una semana más tarde, nos volvimos a encontrar en un bar del pueblo, el típico bar que no está colonizado por viejos y sus "puros + partida de cartas", y que, por tanto, reúne bajo un mismo techo a adolescentes histriónicos, jóvenes con planes "de tranquis", menos jóvenes pero que necesitan que los jóvenes se fijen en ellos, fumadores y fumetas, fans de Lady Gaga o de Aerosmith...
Hablar, tomar una, hablar, tomar otra, hablar, tomar otra (y yo no tomé nada, porque hay situaciones que requieren 0,0%), y un par de bailes nos llevó a enrollarnos. Y de enrollarnos, a terminar el asunto en... Bueno, es lo que tiene vivir en un pueblo y no tener casa ni coche. Pues eso, que el amanecer nos pilló en un prado cerca del río, por decirlo finamente. Aviso a navegantes: La hierba corta araña la espalda que no veas, así que la próxima vez poner una cazadora debajo, para no parecer que te hayas peleado con un gato.
Aquellas cinco noches de verano fueron tórridas y apasionadas como sólo pueden serlo aquéllas que se ven alimentadas por la falta de cariño y también de sexo... al parecer por ambas partes.
Y, como suele suceder con algunos fuegos (no todos) que arden con llamas tan brillantes, éste se apagó tan rápido como se encendió: NordicBoy volvió a su PaísNórdico y mantuvimos el contacto con e-mails más o menos constantes, aunque la constancia, el interés y la aportación de detalles y anécdotas fuera desigual... Tuvo que venir por asuntos de trabajo, y pudimos disfrutar de una noche en una habitación (que al menos yo no tuve que pagar). Y si tenemos que hablar de disfrutar, podemos hablar de su disfrute, pero no del mío. No es necesario preguntarme cuándo siento un orgasmo, porque es evidente. Lo que sí habría sido un detalle, una actitud de persona medio decente, es que hubiese preguntado si me había gustado... o si ahora me daba por haberme vuelto silenciosa... o si es que fui silenciosa porque no había nada que celebrar.
Fue entonces cuando, no por una ni dos, sino por las tres veces que él se lo pasó bien conmigo en una sola noche, sin preocuparse por mi placer, por lo que decidí echar un buen caldero de agua fría a ese fuego que ardía desde agosto. Y no es por el hecho sexual en sí. Es por tantos detalles de egoísmo. Media hora hablando de uno mismo y que, justo al final, se me descuelgue con un "bueno, ¿y tú qué tal?", que sonaba más por puro compromiso que otra cosa.
Ahora, lo jodido va a ser cuando toda la familia me vuelva a preguntar por él, que si quedamos, que qué tal está, que vaya buen chico que es, qué educado, qué formal... He tenido un déjà-vu con NordicBoy, y la experiencia con El Novio me ha sido realmente útil. Y es que, cuando viene todo el mundo a decirte lo buena persona que es un chico, lo encantador, cacho de pan, cielo, educado, adorable, milhojas y pastelitos, empiezo a sospechar, y mucho. Por segunda vez me vendieron un buen partido, un chico estupendo que no debo dejar escapar, y por segunda vez resultó más rana que Kermit.
De todas formas, y hablando en mi defensa, no podría congeniar con una persona que vive por y para la noche del viernes y del sábado, que las tardes y los fines de semana los emplea en dormir siestas y ver la tele, que le encantan los deportes televisados, no los practicados... y que escucha al Losantos todas las mañanas. Que, oyes, si ya es bastante jodido levantarse temprano cada día, peor sería con los ladridos de semejante elemento en los oídos, ¡puf!
Aunque no voy a negar la pasión que hubo por el verano y que me hizo disfrutar como hacía tiempo que no disfrutaba, el cascabel para el gato será decirle que no a repetir lo de la última noche juntos, a la que quiere añadir una cena previa, en plan cita.


2 comentarios:
Es impresionante la cantidad de ranas que hay que besar en esta vida xD
Pero tía, que te quiten lo bailao xD
Ranas que hay que besar y que se quedan en eso, ranas.
Aún así, tienes razón, jaja!!
Publicar un comentario en la entrada