Cuando levanté la cabeza del libro, estaban hablando sobre los kilos de más que se cogen en vacaciones, recomendando hacer dieta y ejercicio, huir de las dietas milagro, etc. Lo mismo de siempre, noticias de relleno que no aportan nada.
Volvió a aparecer la demacrada presentadora del informativo para compartir con nosotros la existencia de un maravilloso gimnasio dedicado sólo a mujeres, regentado por mujeres y donde sólo van mujeres a bajar michelín y subir glúteo.
La siguiente noticia correspondía a una estadística demostrando que hay cada vez más bebés que nacen con menos peso del que deberían...
En ese punto me sentí tan asquerosamente manipulada que apagué la televisión.
Y qué es sino una manipulación el colocar primero una supuesta noticia sobre kilos, con la que se atrae la atención de aquéllos que estén preocupados por su imagen, mayormente mujeres, para a continuación hablarnos sobre un gimnasio... sólo para mujeres. En este punto tenemos concentrada la atención de todas las mujeres que estuvieran viendo el informativo. ¿Qué es lo siguiente? Una vez que hemos relacionado "mujer" con "dieta" y "ejercicio" (que siempre han de ir juntos, ¿no?), sólo nos queda añadir el concepto "bebé" a esa tríada inseparable. Apuesto a que la siguiente noticia hablaría sobre cómo sobrellevar la vuelta al trabajo, o cómo tolerar a aquel jefe o compañero intolerable, o cómo combatir el cansancio provocado por largas jornadas de trabajo...
Como ya he escuchado en bastantes ocasiones (muchas de boca de mis amigas, muy pocas en medios de comunicación), la liberación de la mujer no ha supuesto sino añadir más responsabilidades a las que ya teníamos. Antes nos teníamos que "conformar" con mantener al marido, a los hijos y a los demás familiares que estuvieran viviendo de nosotras (no sólo con nosotras). Ahora, además, tenemos que estudiar, trabajar, promocionar académica y laboralmente, tener relaciones sociales, amistades y contactos, mantenernos al día con la tecnología y la electrónica de consumo, y, por supuesto, estar estupendísimas y divinas para que nuestras amistades y parejas nos aprecien por lo guapísimas que estamos, lo en forma que nos mantenemos y lo bien que llevamos nuestra ajetreada vida.
Porque me manipulan, me transmiten valores que, si bien son los que imperan en nuestra sociedad actual, no me parecen más que una realidad distorsionada, una manera de plantearnos metas demasiado altas y un modo de encarrilarnos, de llevarnos por una senda meramente comercial, en la que las personas, y, por la parte que me atañe, las mujeres, tenemos que mantener unos estándares, unas actitudes y unos pensamientos que anulan cualquier creatividad o individualismo. Por eso ya no quiero ni encender la televisión.


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